Ulrike Meyfarth, rendirse nunca fue una opción

Ulrike Meyfarth, rendirse nunca fue una opción

[dropcap]L[/dropcap]a historia de Ulrike Meyfarth es la de superación, la de un ave fénix que después de alcanzar la cima de forma precoz se vino abajo y supo resurgir de sus cenizas para retirarse de nuevo en lo más alto.

Nacida en Fráncfort un 4 de mayo de 1956, la historia de esta alemana despega en Múnich, en los juegos olímpicos de 1972. Apenas tenía 16 años, pero la suficiente capacidad, talento y valentía para escribir su nombre con letras de oro en la historia de las olimpiadas. Ya el año anterior había sido finalista en el campeonato de Europa y subcampeona de la República Federal Alemana. Pero quería más. Y vaya si lo consiguió.

En la final de salto de altura de los juegos sorprendió a todos al convertirse en la atleta más joven en hacerse con el oro, con una marca de 1,92 metros, que además supuso un nuevo récord mundial, que hasta entonces estaba en manos de la austriaca Ilona Gusenbauer, bronce en aquellos juegos.

Caída y resurgir

Después de aquel meteórico ascenso al olimpo, Meyfarth vivió unos años de pocos éxitos, entre los que cabe mencionar una séptima plaza en los campeonatos europeos de Roma (1974) y quinta en el europeo de Praga de 1978. Ese año acabó tercera en el ‘ranking’ mundial, tras lograr superar su marca personal de Múnich, al alcanzar los 1,95 metros en los campeonatos nacionales.

En Montreal ’76 apenas pudo pasar de la fase clasificatoria, y en Moscú ’80 no pudo participar debido al boicot de los países occidentales a la Unión Soviética. Cuando parecía que el paso de los años y la falta de éxitos iban a diluir el nombre de Ulrike en los anales del atletismo, la atleta resurgió para volver a dejar al mundo con la boca abierta y reafirmarse como una de las mejores saltadoras de altura del mundo.

Ese resurgir comenzó a gestarse en 1981, cuando alcanzó un salto de 1,96 metros que le valió una copa del mundo y acabar el año segunda en el ‘ranking’ mundial. Los éxitos comenzaron a llegar solos: campeona de Europa por partida doble, en pista cubierta y al aire libre, en 1982. Fue precisamente en este último, en Atenas, donde registró otro récord del mundo, con un salto de 2,02 metros. Volvía a ser la mejor. Pero lo mejor estaba aún por llegar.

[bctt tweet=»En Atenas situó el récord mundial en 2,03 metros» username=»OlympoDeportivo»]

Después de lograr la plata en los I campeonatos del mundo (Helsinki, 1983), en los que fue superada por la soviética Tamara Bykova, llegaron los juegos olímpicos de Los Ángeles (1984). La venganza no pudo hacerse efectiva debido a la ausencia de Bykova por el boicot soviético, pero eso no impidió que Meyfarth se dejase la piel y se impusiese a la italiana Sara Simeoni. Y así, con aquel salto de 2,02 metros, la alemana volvió a demostrar su talento y a hacerse con el oro.

Con una trayectoria cuanto menos irregular, tras los juegos se retiró, pero su hazaña seguirá por siempre escrita en la historia del atletismo.

Rocío Bonachera Escribano.

Cofundadora de Olympo Deportivo. Periodista, máster en periodismo deportivo e inmersa en el Social Media.

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