Sevilla FC: un grande sin memoria

Sevilla FC: un grande sin memoria

La eliminación del cuadro andaluz de la Champions League se une a su irregular trayectoria en el campeonato doméstico, lo que deja muy tocado a un equipo diseñado para mucho más.

Sevilla FC
Imagen: RTVE.

Todo eran sonrisas hace tan solo unos meses en el barrio de Nervión. El Sevilla FC había levantado su cuarta Europa League, segunda de manera consecutiva, y había logrado un billete para disputar la máxima competición continental a nivel de clubes. La Liga de Campeones había sido algo más que un anhelo para la parroquia sevillista.

A pesar de un ajetreado verano en los despachos, los precedentes y la plena confianza en la planificación deportiva del club, a manos de Monchi, hacían augurar un gran año. Las ventas de Carlos Bacca y Aleix Vidal posibilitaron que el club hispalense pusiese toda la carne en el asador para configurar una plantilla de Champions, con nombres como Fernando Llorente, Ciro Inmobile o Yehven Konoplyanka, que hacían soñar al sevillismo.

No obstante, lo que más ilusionaba a la afición era el hecho de contar una temporada más con el principal responsable de los últimos grandes éxitos en el Sánchez-Pizjuán: el técnico Unai Emery, quien había devuelto al Sevilla la identidad perdida, el gen competitivo e, incluso, el buen juego.

Tiblisi estaba señalado en rojo en el calendario de todos los sevillistas desde que su equipo levantara en Varsovia la UEFA Europa League. La capital de Georgia mediría al cuadro sevillano con el campeón de Europa, con el FC Barcelona. Lo cierto es que ambos conjuntos cumplieron con las expectativas y regalaron a los amantes del balompié la Supercopa de Europa más emocionante que se recuerda, con una prórroga que acabaría llevándose el conjunto blaugrana tras una heroica actuación del Sevilla, que se ganó la admiración y los elogios de medio mundo.

A partir de ahí, y como si el viaje de vuelta a casa hubiese borrado la memoria a los de Nervión, todo cambió. De ser un equipo capaz de todo, el Sevilla pasó a dejar numerosas dudas en el inicio de temporada hasta convertirse en un equipo pobre y descolocado, especialmente lejos de la capital andaluza, donde aún no conoce la victoria esta campaña.

Las causas son múltiples, desde los grandes contratiempos en forma de importantes lesiones, concentradas en el eje de la zaga, hasta una mala planificación deportiva, en la que el vacío que dejaron hombres como Aleix Vidal o Stéphane Mbia no ha sido, ni de lejos, cubierto. El camerunés aportaba mucho a un centro del campo que ha quedado a expensas de exclusivamente de Banega, en lo que a creación respecta, y de Krychowiak, quien físicamente no está al extraordinario nivel que estuvo la pasada temporada. Nzonzi y Krhon-Delhi han dejado muchas más sombras que luces hasta el momento.

En ataque, y pese al buen rendimiento de Kevin Gameiro, la diferencia es abismal. Carlos Bacca necesitaba media ocasión para meter dos goles y encarrilar un partido, mientras que ahora los de Nervión deben llegar el triple para chutar a puerta, lo que unido a la descompensación que sufre el equipo posibilita a los rivales encontrar huecos que hace meses eran impensables de encontrar.

Como si de un anciano se tratase, el Sevilla FC no recuerda ni a qué jugaba ni cómo lo hacía para ganar tantos partidos. Hasta el momento, tan solo en contadas ocasiones, y siempre cuando Banega tiene la pelota, se conectan algunas neuronas que hacen recordar por momentos al mejor Sevilla, ese capaz de tumbar al FC Barcelona y al Real Madrid, pero se queda en simples flashes, en meros espejismos que hacen a los aficionados sevillistas darse de bruces con una realidad que más bien parece una broma de mal gusto, una broma que les ha hecho quedarse sin opciones de clasificación en la Champions antes de lo previsto -a pesar de la complejidad del grupo- e incluso quedar en manos de terceros para poder seguir viajando por Europa a través de la Europa League.

Con todo ello, aún le queda un atisbo de esperanza a una entidad que parece no estar preparada para un fracaso tan mayúsculo como el que se le puede venir encima. Desde el club, nadie se atreve a cuestionar a Emery, quien parece haber perdido el control de la situación, pero quien se agarrará al único clavo ardiendo que le queda: ganar a la Juve y confiar en un tropiezo del Gladbach en Mánchester, así como comenzar a sumar de tres en tres en Liga y acercarse a la parte alta de la tabla, allí donde todos le esperan.

José Antonio Vega.

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Redacción Olympo Deportivo.

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