Nadia Comaneci, la perfección hecha realidad

Nadia Comaneci, la perfección hecha realidad

La mejor gimnasta de la historia es, sin duda, Nadia Comaneci. Logró lo impensable. Ha tenido una carrera corta, pero excelsa. Logró que la perfección se hiciera realidad y su figura es una leyenda viva que trata de sacar provecho de la trascendencia a nivel mundial que tiene una personalidad de su envergadura en beneficio de aquellos que no corrieron su misma suerte: “Yo uso lo que valgo como leyenda para colaborar en diferentes causas sociales”.

Nacida en el año 1961, en la ciudad rumana de Onesti, Nadia fue descubierta, con tan sólo seis años de edad, por uno de los mejores entrenadores de este deporte, Bela Karolyi. Junto con él, en muy poco tiempo llegó a lo más alto de la gimnasia. Su talento innato junto a un gran entrenamiento y la obsesión por la perfección existente en la comunista Rumanía, la convirtieron rápidamente en un icono nacional. Empezó a obtener sus primeras victorias en categorías juveniles en 1970, y cuatro años después ya era campeona juvenil mundial.

Su paso al frente para competir en categorías absolutas llegó en 1975, cuando debutó en los Campeonatos de Europa celebrados en Skien (Noruega) y dejó muestras de lo que estaba por venir. Poco después, sus excepcionales cualidades le valieron para triunfar en Nueva York, donde, además de hacerse con la victoria en la Copa América, se convirtió en la primera mujer que realizaba el dificilísimo doble mortal de espaldas en la salida de su ejercicio de asimétricas.

A pesar de ello, cuando esa pequeña niña vestida de blanco dejó al mundo boquiabierto fue en los Juegos Olímpicos de Montreal, en 1976. Nadia Comaneci, de 1,50 de estatura y 40 kilos, apareció para realizar sus ejercicios; mejor dicho, para volar haciendo sus ejercicios y romper los marcadores. Alguien le diría que una puntuación de cuatro dígitos, es decir, el 10.00, era imposible de conseguir en la gimnasia artística y que con los relojes de siempre era suficiente, ya que nadie había logrado nunca la máxima puntuación. Pero llegó ella, esa pequeña chica rumana con pose desarmante que desafiaba a la gravedad para obtener siete dieces y tres medallas de oro. Las actuaciones perfectas con las que otros soñaban, Nadia las convirtió en realidad. Como anécdota cabe destacar que los carteles de la puntuaciones mostraron un 1.00 para reflejar la máxima puntuación jamás obtenida.

Después de la gloria, la presión empezó a entrar en escena. Era toda una niña, pero el mundo se rendía a sus pies. Como toda niña, los cuerpos cambian casi sin querer para convertirte en mujer, algo que, unido a otros acontecimientos, acabaron con Nadia. Pero antes de eso, se proclamó campeona del mundo en Estrasburgo (1978) y obtuvo dos nuevas medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980. Esto no fue fácil, ya que compitió en Rusia con un fuerte dolor ciático. El declive continuó y cuatro años más tarde, en los Juegos de Los Ángeles, con tan apenas 22 años, puso fin a su carrera. Una infección en su mano y meses de irregulares resultados aceleraron su adiós. Una corta carrera que le valió para entrar en el olimpo de los mejores deportista de la historia.

Su retirada no fue un adiós al deporte, sino que continuó ligada al mismo. Como su vida no fue nada fácil, es consciente de que la ayuda a los demás es necesaria. Tras varios años de increpancias en su país y de abusos, se vio obligada a exiliarse en Austria, en 1989, donde solicitó el asilo diplomático en Estados Unidos. Allí, Nadia comenzó una nueva vida. Una vida que se mantuvo ligada a la gimnasia, pero también a la acción benéfica.

Junto con su marido, el gimnasta Bart Conner, están directamente comprometidos con organizaciones como la Muscular Dystrophy Association (Asociación de Distrofia Muscular), algunos orfanatos rumanos, y con la realización de las Olimpíadas Especiales, para personas con capacidades diferentes. Además de la Academia Gimástica Bart Conner, Nadia también cuenta con su propia clínica para nuevos talentos en Rumanía, a donde viaja constantemente para seguir bien de cerca tanto la Academia como las fundaciones a las que ayuda. Todo un ejemplo.

María Trigo

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María Trigo. Coordinadora de contenidos en Olympo Deportivo.

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