Los ‘Zeppelín’, pasión por la bicicleta

Los ‘Zeppelín’, pasión por la bicicleta

Antonio Rodríguez Berrocal ‘Zeppelín’ nació en 1913 en Granada, pero a los cuatro meses no es que ya fuera un sevillano más, era un trianero más, como si hubiera nacido en la misma calle Pureza. Este ciclista, sevillano y trianero, debutó en una carrera oficial encima de una bicicleta en 1927, una que iba desde el Puente de San Telmo hasta el final de la Palmera, y no dejó de manera profesional la ‘bici’ hasta 1951, con treinta y ocho años.

Le apodaron ‘Zeppelín’ porque de pequeño era un poco ‘entrado en carnes’ y comenzó a correr en los años en los que el famoso dirigible alemán “Graff Zeppelin” hacía escala en Sevilla camino de América del Sur. 
Fue pionero en muchas cosas en la capital hispalense, ya que su físico privilegiado y su pasión por la bicicleta le hicieron ganar 503 carreras. Fue tres veces campeón de Andalucía, cuatro de Sevilla, dos de la montaña de Sevilla, trece del Circuito Colombino, dos de la Vuelta a Cabra, una de la de Córdoba, una de la de Jaén o una de la de Granada.

Destacaba por un sprint portentoso y por su calidad. Sus triunfos no pasaron desapercibidos. Por ello llegó a disputar una Vuelta a España, pero se retiró en la tercera etapa porque decía que tenía mucha hambre. Y es que si dedicarse al ciclismo nunca ha sido fácil, en aquellos años, con una Guerra Civil de por medio, era todo un privilegio ser ciclista. Los premios que se daban en aquella época eran comida (garbanzos, arroz, patatas…) o algunas pocas de pesetas, como las 200 (1,20 euros) que obtuvo al quedar primero en una Sevilla – Huelva- Sevilla. Por ello, para su familia, su mujer y sus siete hijos, era una fiesta cada vez que se imponía en alguna carrera y llevaba comida a casa.

El legado

Su amor por este bello deporte lo ha sabido transmitir a sus hijos. Uno de ellos, José María -que tiene ahora 74 años-, sigue adorando tanto montar sobre las dos ruedas que recorre alrededor de 1.500 kilómetros al mes. Con esa edad, José María, al que primero le gustaba el fútbol, demuestra que para ser ciclista hay que estar hecho de una pasta diferente, tener una capacidad especial para saber sufrir, sufrir y sufrir. Y si no que se lo digan a su padre, que llegó a competir sobre bicicletas con ruedas de madera. Además de José María, casi todos sus hermanos y su propio primogénito son aficionados al mundo del pedal.

José María recuerda con orgullo y emoción lo que consiguió su padre en aquella época, habiendo nacido en una ciudad donde el deporte de la bicicleta no ha tenido mucha tradición ni relevancia. A pesar de todo,  José María tiene clavada una pequeña espinita, la de saber hasta dónde podría haber llegado, ya que en su juventud también intentó dedicarse de forma profesional al ciclismo. Esto no fue fácil, ya que a los 13 años su padre lo sacó del colegio para que le ayudara en el taller de bicicletas que montó en el barrio de Triana cuando se retiró. El único momento del día en el que podía entrenar era por la mañana temprano, cuando su padre le decía que fuera a entregar las facturas a los clientes. Algunos de estos vivían lejos de Sevilla y esos kilómetros y trayectos se convertían en el entrenamiento de José María.”Tengo el ‘sin vivir’ de saber a qué y hasta dónde hubiera llegado con las facultades que tengo, y si hubiera tenido la oportunidad de prepararme bien en su momento”, comenta.

Zeppelín hijo

“Soy un ganador nato y una persona muy competitiva que solo pensaba en ganar. Lo basaba todo en mi fuerza y mis buenos pulmones, los cuales sigo teniendo, pues el trabajo no me permitía entrenar como era debido”, confiesa.

Una prueba de los conocimientos deportivos que había hace tantos años, y de lo duro que es este deporte, es que eso de cuidar la alimentación y de tener fisioterapeutas como se acostumbra en la actualidad estaba muy lejos de ser una rutina diaria para un deportista: “Cuando estaba encima de la bicicleta y no podía más me desabrochaba un imperdible -que llevaba siempre en el maillot– y me pinchaba en las piernas para que entrase aire en los músculos. Así estos se oxigenaban”.

No solo es la dureza lo que castiga al ciclismo, también lo es -por desgracia- el dopaje. Ante ello, José María se muestra firme: “Yo sé lo que es la bicicleta desde pequeño, y un profesional no puede andar cuatro veces más que yo, puede hacerlo un día, pero no 22, con agua, frío, con esos puertos y con esos cambios tan bruscos de temperatura. Eso no hay cuerpo que lo aguante, como no sea con ayuda”.

Antes de despedirse, José María lanzó una reflexión: “En el ciclismo ganan dinero cuatro, los demás solo trabajan para ayudarles a ser campeón Es imposible llegar si no se entrena a diario. Es un deporte muy exigente”.

María Trigo.

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María Trigo. Coordinadora de contenidos en Olympo Deportivo.

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