Los españoles en el Tour: del sueño de acabar a ser aspirantes a todo

Los españoles en el Tour: del sueño de acabar a ser aspirantes a todo

La historia de nuestros ciclistas en el Tour de Francia ha estado marcada por la superación y el crecimiento constante; desde el debut del primero, José María Javierre en 1909, los hispanos han ido subiendo escalones hasta convertirse en una auténtica potencia en el pelotón, aunque el camino para llegar a la situación actual ha sido tan largo como duro y tortuoso.

INduráin
Induráin dejó una huella imborrable en el Tour.

El próximo 5 de julio arrancará en la localidad inglesa de Leeds la edición número 101 del Tour de Francia, una cita de capital importancia en la agenda deportiva de cada año y en la que nuestro país parte con tres serios candidatos a hacerse con la victoria final: Alberto Contador, Alejandro Valverde y ‘Purito’ Rodríguez. Una terna que intentará poner fin al dominio ejercido por el Sky inglés en los últimos años, encabezado por el vigente campeón Chris Froome, y, de paso, agrandar la estadística rojigualda en la carrera en los últimos años, con cuatro triunfos en los últimos ocho, convirtiendo a nuestro país en el tercero que más éxitos ha celebrado en los Campos Elíseos, con un total de 12.

Sin embargo, aunque nos hayamos acostumbrado a ver a algún hispano en lo más alto del podio parisino, lo cierto es que la historia nos revela que el camino hasta esta época dorada de nuestro ciclismo en la ‘Grande Boucle’ no fue para nada fácil. De hecho, ningún representante español estuvo presente en las seis primeras ediciones de la carrera, entre 1903 y 1908. Hubo que esperar hasta 1909 para ver al primero de los nuestros rodar por las carreteras galas. Ese honor recayó en el jacetano José María Javierre, quien, en cualquier caso, ni siquiera pudo terminar la prueba, algo que tampoco fue capaz de hacer al año siguiente el vizcaíno Vicente Blanco, que llegaba con la vitola de bicampeón nacional.

Cardona, en 1929,  primer ganador de etapa

Es más, ningún hispano logró hacerlo hasta 1924, año en el que Jaime Janer (conocido popularmente como el ‘Cojo’) y Victorino Otero acabaron en los puestos 30 y 42. En este sentido, y como prueba de la dureza del Tour en aquellos tiempos, basta con tener en cuenta que el primero de ellos no pudo firmar esta hazaña hasta su tercer intento. Pocos podían pensar que apenas un lustro más tarde iba a caer la primera etapa para los nuestros.

Fue en la edición de 1929 cuando Salvador Cardona se impuso en Bagnères-de-Luchon. Además, este valenciano se quedó a las puertas de agrandar aún más su importancia en la historia de nuestro ciclismo, toda vez que logró una meritoria cuarta plaza que le dejó a un paso del podio. Sería solo el pistoletazo de salida de una etapa marcada por los éxitos hispanos. Algunos quedaron para la posteridad como el de Vicente Trueba en 1933, cuando se erigió en el primer ganador del Premio de la Montaña, el archiconocido maillot de lunares rojos.

Tres años más tarde, en 1936, Julián Barrendero repetiría la misma gesta, que vino acompañada, por el triunfo de Federico Ezquerra en la undécima etapa, con final en Cannes. Curiosamente, al año siguiente, 1937, España vivió su primer doblete en la ‘Grande Boucle’. Fue gracias a Mariano Cañardo y Julián Berrendero, quienes vencieron de manera consecutiva en Ax-les-Thermes y Pau. Habíamos empezado a despegar en el país vecino, pero todavía quedaba muchísimo camino por andar.

Y hubo que esperar hasta le década de los cincuenta para ver cómo los españoles alcanzaban las cotas que se le habían negado hasta entonces. Porque la década arrancó con Bernardo Ruiz como protagonista. Él fue el primero de los nuestros que logró dos victorias de etapa en la misma edición, en 1951. Igualmente, un año más tarde, en 1952 siguió haciendo historia al subirse al podio con una tercera plaza que le permitió acompañar al ganador, Fausto Coppi, y al belga Stan Ockers.

Bahamontes fue protagonista en los 50 y 60

En 1953, Jesús Loroño pudo alzar los brazos en Lyon y se llevó el Premio de la Montaña. Mientras, en 1955 Miguel Poblet no solo ganó dos veces, sino que consiguió, incluso, vestirse con el maillot de líder durante un día. En la edición posterior cerraría con un triunfo en La Rochelle su magnífica hoja de servicios en la ‘Grande Boucle’. También en 1956 Miguel Bover ganaría otra etapa.

Era solo la antesala de lo que estaba aún por llegar cinco años más tarde, en 1959. Entonces, Federico Martín Bahamontes, que ya había cosechado dos maillots a lunares (1956 y 1958) y otras tantas etapas (ambas en la edición de 1958), iba a firmar por fin el primer triunfo hispano en la general del Tour. Lo hizo imponiéndose a los franceses Anglade y Anquetil (quien años después estrenaría el club de los Pentacampeones de la ronda gala), así como sumando otro triunfo parcial en Puy de Dôme y un nuevo Premio de la Montaña.

Igualmente, los éxitos del ‘Águila de Toledo’ no acabarían ni mucho menos ahí, puesto que aún ganaría cuatro etapas más (en 1962, 1963 y dos en 1964), volvería a ser el Mejor Escalador otras tres veces (en 1962, 1963 y 1964), una segunda plaza en 1963, cuando llegó a ser líder durante una jornada (tras Anquetil y con Pérez Francés completando el podio) y un tercer puesto en 1964. Entre medias, el equipo Kas se había hecho con una etapa en 1964 y José Luis Manzaneque con otras dos en 1960 y 1963, pasos previos a cerrar su palmarés con otro triunfo parcial en 1967.

Ocaña, en los 70, un duro rival para Merckx

Así mismo, la década de los sesenta también tuvo otro importante protagonista hispano: Julio Jiménez. El abulense no solo fue segundo, tras Roger Pingeon, en 1967, sino que fue maillot a lunares en tres ocasiones (1965, 1966 y 1967) y logró cinco triunfos de etapa (dos en 1964, otros tantos en 1965 y uno en 1966). Curiosamente, nunca fue líder, algo que sí logró durante dos días José María Errondonea en 1967 y uno Gregorio San Miguel en 1968. Finalmente, la lista de éxitos de esos años se cierra con el Premio de la Montaña de Aurelio González (1968) y las victorias parciales de Joaquín Galera (1965), José Pérez Francés (en el mismo año), Luis Otaño (1966), José María Errandonea (1967), Aurelio González (1968) y Mariano Díaz (1969).

De este modo llegamos a los setenta, momento en el que emerge en el ciclismo la implacable figura de Eddy Merckx, quien encontró en uno de los nuestros a uno de sus mayores rivales. Se trata de Luis Ocaña, que ya en 1970 había dado señales de vida al imponerse en la meta de Saint-Gaudens (González Linares haría lo propio en Forest). Pero este conquense pronto buscaría aspirar a metas mayores. Por ejemplo, en 1971, cuando tras dos triunfos parciales logró vestirse de amarillo durante tres días, teniendo al ‘Canibal’ prácticamente contra las cuerdas. Sin embargo, una caída bajando el Col de Menté acabó con su sueño de poder alzar los brazos en los Campos Elíseos, donde Merckx sumaría su tercera victoria consecutiva.

Afortunadamente, pudo desquitarse dos años más tarde, en 1973. Entonces, dominó con ‘mano de hierro’ la prueba, colocándose en la primera plaza desde la séptima etapa y anotándose la friolera de seis éxitos parciales. Con ello, se convirtió en el segundo español en ganar el Tour, compartiendo el podio con Bernard Thévenet y otro hispano, José Manuel Fuente, que con su tercer puesto cerraba por todo lo alto su hoja de servicios en tierras galas, que ya incluía dos etapas desde 1971. Para completar la dicha nacional, Pedro Torres fue el Mejor Escalador, al tiempo que también venció en Pau y Vicente López Carril en Niza.

Precisamente este último sería el siguiente de los nuestros en subirse al cajón en París. Lo lograría en 1974, precedido por Merckx y Poulidor, y con otra etapa en el zurrón, la que acabó en Serre Chevalier. Domingo Perurena completaría la fiesta con su maillot a lunares, mientras que López Carril, un año más tarde, en Avoriaz, firmaría su último hito en el país vecino Ya en 1976 llegó el primer maillot blanco para un español. Fue para Enrique Martínez Heredia, quien se hizo con él en la segunda edición en la que estuvo en juego. Además, el ciclo se cerró con etapas para José Luis Viejo (1976), José María Lasa (una en 1976 y otra en 1978) y José Nazabal (1977).

‘Perico’, a las puertas de repetir por un despiste

Sin embargo, después de todo este despliegue, los ochenta arrancaron sin demasiadas alegrías. Hasta 1983 nuestro ciclismo no tuvo nada que llevarse a la boca. Aunque Ángel Arroyo se encargó de acabar con la sequía en ese año, con un triunfo en Puy de Dôme que le serviría para lograr más tarde la segunda plaza en la general, únicamente por detrás de Laurent Fignon. En 1984 firmaría otra victoria parcial en Morzine, sirviendo de antesala a la irrupción de un nuevo ídolo español: Pedro Delgado.

El segoviano dejó como tarjeta de presentación en tierras galas su éxito en 1985 en Luz- Ardiden. En 1986, repetiría en Pau y un año más tarde llegaría a ser líder durante cuatro días y ganaría en Villard de Lans, aunque tendría que conformarse con una segunda posición, superado por Stephen Roche, debido a un celebérrimo despiste. Sea como fuere, en 1988 se desquitaría, con otra etapa y, sobre todo, once jornadas de amarillo que tuvieron su punto final en París, donde se convirtió en el tercer español en llevarse la ‘Grande Boucle’. Incluso, en 1989 fue testigo de excepción del duelo Lemond-Fignon en aquella contrarreloj que puso el broche de oro a la carrera, acabando como tercero en el podio.

Paralelamente por aquellos años había brillado también Eduardo Chozas, que acumuló cuatro éxitos parciales (1985, 1986, 1987 y 1990), al tiempo que también se sumaron a la fiesta Peio Ruiz Cabestany (1986), José Ángel Serapio (1986), Julián Gorospe (1986), Manuel Jorge Domínguez (1987), Federico Etxabe (1987), Laudelino Cubino (1988) y Juan Martínez Oliver (1988). Incluso, en 1989 apareció en escena un joven navarro que se impuso en Cauterets. Su nombre, Miguel Induráin.

Induráin, amo y señor en los 90

Pocos, casi nadie, podrían pensar que estábamos ante alguien que iba a cambiar la historia de este deporte en nuestro país. No tanto en 1990, cuando logró otra etapa, esta vez en Luz-Ardiden (Marino Lejarreta haría lo propio en Millau), sino a partir de 1991. Entonces, se erigió como firme candidato para la general tras ganar en una contrarreloj en Alençon. Más tarde, bajando el Tourmalet y camino a Val Louron, se vistió de líder y prácticamente dejó sentenciada la carrera, que finiquitó con otro triunfo en una cronometrada en Mâcon. Acababa de nacer ahí uno de los mayores mitos de nuestro deporte.

Porque a partir de ahí prácticamente no tuvo rival durante cinco largos años. De hecho, se convirtió en el primer y único pentacampeón que no conoció a otro ganador de por medio, al contrario de lo que le ocurrió a los Anquetil, Merkx e Hinault. Su superioridad luchando contra el reloj era tan insultante que le bastaba con administrar la ventaja que conseguía en esas etapas y contestar los ataques de su rivales para sumar maillots amarillos sin descanso. Lució un total de 60, más que ningún otro español, acumulando hasta doce triunfos parciales, liderando también ese ranking (a las cuatro mencionadas habría que sumar tres en 1992, dos en 1993, una en 1994 y otras dos en 1995). Todo para escribir la página más grande de nuestro país en la ‘Grande Boucle’, con episodios tan irrepetibles como aquella contrarreloj en Luxemburgo donde aventajó en tres minutos al segundo.

El cambio de siglo difícil para los nuestros

Su reinado, que eclipsó alegrías como las de Javier Murguialday (1992), Francisco Cabello (1994) o el maillot blanco del malogrado Antonio Martín (1993), acabó cuando buscó atacar la ‘sexta dimensión’ de la carrera, en 1996. Su físico no dio para más y acabó cediendo su cetro a un Bjarne Riis que años más tarde reconoció que ganó dopado. A partir de ahí comenzó la búsqueda de su sucesor, que encontró en Abraham Olano a su primer candidato, pese a que el vasco no lograse más que un cuarto puesto en la general y una etapa en 1997.

Fue el inicio de un ciclo sin referente claro para nuestro ciclismo, que vio cómo en 1998 se le señalaba con el dedo cuando todos los equipos españoles se retiraban como protesta por el ‘Caso Festina’. Aquel adiós acelerado dejó sin opciones de podio a un Fernando Escartín que sí lograría pisar el cajón en 1999, cuando, para colmo de su felicidad, también ganó en Piau-Engaly. Al año siguiente, emergió la figura de Joseba Beloki, que fue tercero en 2000 y 2001, segundo en 2002 y al que una caída le privó de poner a prueba a Armstrong en 2003.

Por entonces, nos habíamos acostumbrado a éxitos menores como los maillots blancos de Francisco Mancebo (2000) y Óscar Sevilla (2001) o parciales como los David Etxebarría (hizo doblete en 1999), Javier Otxoa (2000), el equipo ONCE (2000 y 2002), Roberto Laiseka (2001), Ibán Mayo (2003), Juan Antonio Flecha (2003), Pablo Lastras (2003), Juan Miguel Mercado (2004 y 2006) o Aitor González (2004). Utilizando la terminología taurina se podría decir que sobraban grandes subalternos, pero se echaban en falta a primeros espadas, ya que en este tiempo solo Igor González de Galdeano puso vestir de amarillo durante una semana en 2002.

Pereiro, Contador y Sastre nos devuelven al primer plano

Entre tanto, el ciclismo había entrado de lleno en una espiral de autodestrucción con el dopaje como principal causa. De hecho, las carreras comenzaron a ser ‘reajustadas’ a posteriori en función de los positivos, razón por la que, por ejemplo, Mancebo fue considerado como el tercer clasificado en 2005, tras la descalificación de Ullrich. Es más, en 2006, ocurrió algo parecido con el ganador, Floyd Landis, desposeído de su título, que fue a parar al gallego Óscar Pereiro, quien tras protagonizar una espectacular remontada de más de media hora gracias a una ‘escapada-bidón’ de la que, incluso, salió ganador, se vistió de líder y peleó por el triunfo hasta el final, siendo reconocido como legítimo campeón un año más tarde. Igualmente, la organización elevó al tercer puesto a Carlos Sastre.

Aquel fue el inicio de otro periodo triunfal para los hispanos, que en 2007 verían el estreno de un Alberto Contador que se llevó el amarillo, el maillot blanco y una etapa en Plateau de Beille, aunque no sin polémica, ya que accedió al liderato tras una precipitada retirada del danés Michael Rasmussen. Con independencia de ello, en 2008 España logró la decena gracias a Carlos Sastre, que también fue el Mejor Escalador y ganó en Alpe D´Huez (tenía otras dos etapas ganadas en 2003 y 2006). Incluso, Óscar Freire, que logró su cuarto éxito parcial (tenía uno de 2002 y dos de 2006), cerró por completo el círculo hispano en la ‘Grande Boucle’, al hacerse con el primer maillot verde de nuestra historia, el único que todavía no se había logrado.

Fue el paso previo al segundo Tour de Alberto Contador, que en 2009 se convirtió en el segundo de los nuestros que repetía triunfo en la general (ganando además dos etapas), algo que también volvería a hacer en 2010, pese a que un positivo, cuanto menos controvertido, le desposeyó de su cetro en beneficio de Andy Schleck. Curiosamente, esa sanción subió al podio, como tercero, a Samuel Sánchez (fue Mejor Escalador en 2011 y venció en Luz Ardiden en 2012), penúltimo de los nuestros en pisar el cajón. De hecho, tras él solo lo ha hecho ‘Purito’ Rodríguez (ya ganó en Mende en 2010), que también se anotó el bronce el año pasado.

Entre medias, Luis León Sánchez se destapó como un auténtico ‘cazador’ de triunfos parciales con cuatro éxitos (en 2008, 2009, 2011 y 2012), al tiempo que Alejandro Valverde, eterno aspirante a hacer algo grande, también firmaba otro póquer (uno en 2005, dos veces en 2008 y otro en 2012), llegando a vestir dos días de amarillo en 2008. Igualmente, Marcos Serrano (2005), Juanjo Cobo (2008) y Juanma Gárate (2009) cierran por el momento el cuadro de honor hispano en el Tour, con sendas victorias de etapa.

En definitiva, una historia que ha deparado 123 triunfos parciales, doce primeros puestos, once maillots a lunares, uno verde y cinco blancos, pero cuyas primeras líneas no fueron para nada fáciles de escribir. Aunque, afortunadamente, en esta edición de 2014 la terna formada por Alberto Contador, Alejandro Valverde y ‘Purito’ Rodríguez, que aspiran a destronar a Chris Froome y su Sky, quieren ponerle un final feliz.

José Julián Fernández.

Redacción Olympo Deportivo.

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