La insoportable levedad de Jaycee Carroll

La insoportable levedad de Jaycee Carroll

[dropcap]L[/dropcap]a Interestatal 80 atraviesa Estados Unidos de Nueva Jersey a California. Es una carretera que haría las delicias de cualquier director de fotografía: durante casi tres mil kilómetros discurre por desiertos, valles y llanuras infinitas. A la vera de esta serpiente de asfalto, en un punto perdido del estado de Wyoming, se levanta la población de Laramie.

Laramie representa con exactitud el imaginario colectivo de ciudad del Midwest: escasa población, calles rectas e interminables que se funden con el sol, edificios dispersos de dos alturas, una estación con más vías de las necesarias para el puñado de trenes ruidosos que la transitan, furgonetas pick up, polvo y gasolineras por doquier. No pasaría de ser una maqueta más del Camden de Earl Hickey si no fuera por el campus de la Universidad de Wyoming y su estadio de football, desproporcionadamente grande al modo americano. Y porque allí nació Jaycee Carroll, el que para muchos es el mejor tirador que ha pisado una cancha ACB.

El pequeño Jaycee poseía un talento especial para lo más esencial del baloncesto: meter la bola. Durante años, dedicó los pocos ratos libres de su agotadora educación mormona a pulir una mecánica de tiro que le permitiera sortear los brazos de rivales mucho más altos que él. Tras una etapa prometedora en el Instituto Evanston, en la que derribó todas las marcas a escala estatal, las mejores universidades de la NCAA se peleaban por él. Sin embargo, Jaycee era un chico especial. Abandonó por completo el deporte para irse de misionero a Chile. Durante dos años, no tocó un balón naranja salvo para jugar alguna pachanga con sus compañeros de misión. Aprendió español y se dedicó en cuerpo y alma al desarrollo de su faceta personal, en detrimento del éxito seguro que le aguardaba en la canasta.

[bctt tweet=»Abandonó el #basket para irse de misionero a Chile»]

Tras el paréntesis, Jaycee volvió al baloncesto, para jugar en la Universidad de Utah. Con una camiseta dos tallas holgada y cara de no haber roto un plato. Como si no hubiera pasado el tiempo, se paseó por los pabellones de la NCAA y escaló a los puestos de honor históricos del basket universitario, en los apartados de puntos, triples y porcentaje de tres. El ‘efecto Carroll’ fascinaba a todos. La técnica perfecta de un chico bajito y saltarín levantaba admiración en público y medios. La cheerleader del equipo Baylee Roche también posó sus ojos en él: poco después aquello culminó en boda; una historia digna de musical adolescente.

Era el año 2008. El salto a la NBA estaba cantado. Jaycee era uno de los mejores jugadores universitarios del momento. En las Summer League su rendimiento fue excelente. Pero había un problema. Jaycee no superaba el ‘look test’, o lo que es lo mismo, era demasiado pequeño y enclenque para que las franquicias apostaran decididamente por él. El propio General Manager de Cleveland, Danny Ferry, se reunió con él para explicarle la cuestión. Raptors, Nets, Celtics… todos los equipos que parecían interesados se asombraban de sus capacidades, pero no tenían valor para incorporarlo. Jaycee no fue drafteado, y su anhelo de jugar en la NBA se alejaba. En aquel momento, apareció la oferta del Teramo, en Italia. Jaycee y Baylee no se lo pensaron dos veces y cogieron el avión.

Aterriza en España

Tras un inicio complicado, con un entrenador que le gritaba órdenes en un idioma extraño, Carroll fue la estrella del equipo y a final de temporada firmó por el Gran Canaria. En la isla fue máximo anotador de la ACB dos años seguidos, y tras un partido memorable en la copa ante el Real Madrid, el propio club blanco se adelantó al Barcelona para ficharlo en el año 2011. En la capital lo ha ganado todo, siendo pieza decisiva en los triunfos de la escuadra de Laso.

Carroll juega unos veinte minutos por partido en el Real Madrid, lejos de estandartes como Llull o Sergio Rodríguez. Las jugadas en la pizarra del entrenador de Vitoria para Carroll consisten mayoritariamente en tiro tras salida de bloqueo en circulación por la línea de fondo. Algunos expertos sostienen que este papel no exprime al máximo sus cualidades. Jaycee Carroll es un jugador temible en la larga distancia, pero también es capaz de pasar bloqueos con balón o realizar cortes a canasta con gran efectividad. No obstante, Carroll no tiene el ego de estrella que le correspondería por juego, saca un enorme rendimiento a sus escasos minutos y colabora al excelente espíritu de equipo que distingue al equipo de la calle Goya. Por si fuera poco, ha mejorado mucho en defensa, su asignatura pendiente.

La ligereza física que impidió a Jaycee desembarcar en la mejor liga del mundo es precisamente una de sus mayores virtudes en el juego. Su inagotable trasiego por la línea de fondo cambia el juego de sus rivales, que diseñan defensas especiales cuando él está en cancha, llegando incluso a cambiar en los bloqueos. Su amenaza exterior obliga a su par a recurrir al contacto físico, cometiendo faltas que los árbitros suelen obviar por constantes. Su levedad es insoportable para los rivales. Durante cierta secuencia de partidos contra el Barcelona, pareció que Oleson lo desquiciaba con su defensa al límite del reglamento.

[bctt tweet=»La ligereza física es su gran virtud en Europa»]

El año pasado, Carroll despejó de un plumazo todas las dudas ante el escolta de Alaska, anotando 19 puntos sin fallo en el último cuarto del partido de liga regular, en una de las mayores exhibiciones que se recuerdan en la última década. Una tormenta perfecta se desencadena siempre que Jaycee tiene la oportunidad de recibir balones con cierta continuidad. Tercer cuarto de la final de la Euroliga 2015, el Real Madrid está perdiendo contra Olympiacos, los fantasmas de una tercera final escapándose sobrevuelan el Palacio. En ese momento, el de Laramie entra en ebullición con once puntos seguidos, incluyendo tres triples imposibles, y se sienta en el banquillo dejando a los blancos siete puntos arriba. La Euroliga se olvida de él para el MVP, como sucedió en la final de la Liga Endesa o en la reciente Copa ACB de La Coruña. Por el contrario, para Antoni Daimiel, una de las voces más autorizadas en el universo basket, fue “el jugador más decisivo de Liga Endesa y Euroliga 2015”.

A sus 32 años, y con contrato hasta 2017, Jaycee no ha renunciado al sueño NBA. Se mira en el espejo de jugadores como Gary Neal, Alan Anderson o Pablo Prigioni, a los que mareó en los enfrentamientos directos en Europa, y que se subieron al tren de la mejor liga del mundo en la segunda oleada. Mientras tanto, ha encontrado un hogar en Madrid, donde vive con la cheerleader de su equipo universitario y sus tres hijas: es la vida del emigrante.

Hace poco, hacía balance del cambio que se había producido en él y en su familia: “Siempre habíamos tenido la sensación de que esto no era nuestra casa, que nuestra casa estaba lejos. Estábamos de paso, y nuestras vidas estaban en Estados Unidos. Poco a poco, con el paso de los años, esa mentalidad ha cambiado. Nuestra vida está aquí, y cuando volvemos a casa, es algo así como vacaciones. Para ser sinceros, realmente fue algo bueno cuando empezamos a pensar que esta es nuestra auténtica vida y no solamente una etapa en el tiempo. Ahora hacemos amigos aquí, ya no somos turistas. Este es nuestro mundo”. Algo que el baloncesto europeo agradece que así sea.

Cosme del Olmo.

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