JM Roás, padre de una familia coraje: “Pablo es el milagro de nuestras vidas”

JM Roás, padre de una familia coraje: “Pablo es el milagro de nuestras vidas”

Familia Roás, maratón de Sevilla

Hay determinados momentos en la vida en los que el deporte sirve para desconectar del día a día, para tener ese ratito de relajación para uno mismo. Pero para José Manuel Roás no se trata simplemente de eso o de hacer ejercicio, sino de ser feliz corriendo junto a su hijo Pablo, que tiene parálisis cerebral. Este es el cuarto de los cinco sucesores que tiene este padre que se dedica a la enseñanza. Si algo se desprende de sus palabras es amor, entrega y dedicación por los suyos. Una familia en la que la gran alegría se llama Pablo. Todos se desviven por él. A pesar de los días complicados que pueda haber, cuando Pablo sonríe, los problemas para ellos se acaban, porque “nosotros podemos tener una cara más oculta, pero Pablo es todo sinceridad, su mirada y su cara jamás engañan”, comenta su padre.

José Manuel es un corredor aficionado que ha participado en multitud de pruebas populares de todo tipo de distancias. Entre las mismas ha disputado diez maratones. La última de ellas en Sevilla, su ciudad, el pasado 23 de febrero. Precisamente, esta carrera fue la primera en la que corrió los 42 kilómetros junto a su hijo Pablo. Antes, junto a él, había disputado más de una competición y también en dos ocasiones la maratón sevillana, pero siempre a partir del kilómetro 19, que es cuando la prueba pasa por su casa. Ahí le tenían a Pablo preparado y José Manuel disfrutaba corriendo junto a él hasta la entrada en meta.

La verdadera maratón de Pablo

La verdadera maratón para este profesor de Geografía e Historia y el cuarto de sus hijos la disputan día tras día. Mayte, su madre, le despierta a las ocho, le asea y le da el desayuno. A las nueve llama al timbre el fisioterapeuta para la primera sesión del día. Una hora después, ahora junto a Mario, su hermano mayor, que estudia Educación Física, alarga un rato más esta sesión con nuevos estiramientos. A las once, Mayte lo lleva al colegio, un centro de educación especial que está muy cerca de casa. Después de comer, a las tres, lo recoge su padre y es el turno de hacer más ejercicios, esta vez con José Manuel, hasta que llega de nuevo el fisioterapeuta, a las cuatro, para empezar un nuevo entrenamiento. Pero ahí no acaba todo, pues a las cinco es el turno del logopeda. Y antes de dormir, más estiramientos. Es el ejercicio que más necesita Pablo para fortalecer sus músculos y tendones. Y así cada día, toda una jornada maratoniana.

Corriendo se llega a la meta

“Lo de correr con él comenzó un verano de forma espontánea y empecé a ver su gran felicidad y también la mía y todo lo que me aportaba. Y desde entonces empezamos a correr cada vez más y ya es que no me imagino hacerlo sin él. Cuando no puedo ir con él porque llueve o por cualquier otro inconveniente, llego a casa desanimado, hundido y consciente de que correr solo no me aporta nada. Yo disfruto y soy feliz corriendo con Pablo, sin él no tiene ningún sentido”, expresa José Manuel.

Con el paso del tiempo, y después de muchos kilómetros compartiendo alegrías y risas, este año se plantearon correr entera la maratón de Sevilla. La idea de intentar correrla de forma definitiva surgió en enero, pero los dorsales estaban agotados desde hacía dos meses. Algo que José Manuel no se podía creer, cuando las primeras maratones solo las disputaban “unos pocos locos”. La fiebre desmedida por el running había hecho que los 9.000 dorsales ya tuvieran dueño. Este sevillano, inquieto donde los haya, no se dio por vencido y un amigo le dijo que había una página web en la que sorteaban dorsales. José Manuel decidió registrarse y seguir todos los pasos para poder optar al mismo, pero no tuvo la suerte de cara y después de mucho trabajo no pudo ser. Agradeció el esfuerzo de todos los que le habían ayudado y a partir de ahí recibió un avasallamiento de mensajes de personas para cederle su dorsal, algo que no era posible, pues cambiar la titularidad del mismo es ilegal.

Cuando ya se veía sin correr, recibió una llamada de uno de los patrocinadores de la prueba, New Balance, que reserva un cupo de dorsales para sus atletas profesionales, y una de esas plazas deparó finalmente en estos dos campeones, a los que además les han regalado zapatillas, camisetas y diverso material deportivo. “Fue algo totalmente inesperado y un gesto que jamás podré olvidar. Ellos no querían nada, ni publicidad ni agradecimiento, solo que nosotros pudiéramos correr. Fue un detalle muy bonito, de esos que piensas que nunca le ocurren a la gente normal. Les estamos muy agradecidos tanto a los organizadores como a su patrocinador”, insiste José Manuel. Así que tanto Pablo como él ya tenían todo lo que necesitaban para su gran día.

Llegó la hora de la verdad

“Yo tenía dos miedos: el primero, saber cómo iba a reaccionar al salir a correr con el frío de las nueve de la mañana; y el segundo, saber si iba a poder aguantar casi cinco horas en la posición que tiene que estar en la silla para hacer deporte. Para sorpresa de todos, la sonrisa y la alegría se dibujó en su cara cuando tomamos la salida, a la que nos costó bastante llegar, y fue una experiencia increíble e inolvidable. Todo el recorrido gritando, chillando y cantando, y la gente animando. Su energía y vitalidad eran mi fuerza. Además, yo siempre digo que pobre ganador, porque seguro que no se lo pasó ni la mitad de bien que nosotros”, cuenta José Manuel, consciente también de que no todo fue un camino de rosas, ya que 42 kilómetros son muchos y desde el 35 tuvo que echarse encima de la silla de su hijo, lo que le provocó unos fuertes dolores en el abdominal e hizo los últimos kilómetros utilizando dicha silla como si fuera un andador: “Pero cuando empiezas a ver la entrada al Estado Olímpico todo empieza a cambiar, y la vuelta al mismo y la entrada en meta fue una experiencia indescriptible. Lo abracé y empecé a decirle que lo habíamos conseguido y me eché a llorar…”. Así, con el resto de su familia en la meta, celebraron juntos un logro más, demostrando que cuando las cosas se hacen de corazón y para hacer feliz a los demás, nada es imposible.

El próximo reto también lo superaron

Comenta José Manuel que en una entrevista, después de la Maratón de Sevilla, le preguntaron cuál era su próximo desafío, y este les dijo: “Nuestro próximo reto es intentar que no tengan que operar a Pablo, que le han detectado un problema entre algunas articulaciones. Hoy, dos meses después, puedo contar orgulloso que entre todos lo hemos superado. Pablo no tendrá que ser intervenido por ahora gracias a que intensificamos aún más las sesiones con los fisioterapeutas y nos volcamos para que la articulación volviera a su estado normal. Es que no se trata simplemente de correr, se trata de haber conseguido encontrar una pasión que puedo compartir con mi hijo en la que él disfruta y me hace disfrutar aún más a mí”.

Pablo, la razón de su felicidad

Esto último es lo verdaderamente importante para José Manuel, que por mucho que pueda pensar la gente, considera a Pablo el milagro de su vida y el de toda su familia, que se entregan en cuerpo y alma para superar cualquier tipo de adversidad. Y, aunque desde que naciera Pablo lo considera una bendición, antes él no era así. José Manuel se define como una persona muy autosuficiente y bastante independiente y emprendedora, pero que gracias a su hijo Pablo ha sabido apreciar lo que es para él el gran secreto de la vida: “Entregarse en cuerpo y alma a los demás, porque eso es lo que realmente al final te va a hacer feliz”.

José Manuel dejó de estudiar unas oposiciones para educación especial cuando se topó con la parálisis cerebral por el miedo que le entró al imaginarse esas familias que tenían un hijo así y lo difícil que debía ser, pero cuando nació su hijo se dio cuenta de que no había que tener miedo, pánico o terror, sino todo lo contrario. Supo que la naturaleza le había dado la oportunidad de crecer aún más como persona: “Pablo me ha dado el regalo de saber qué es limitarme, y todo esto es para mí y para mi familia la prueba de que Dios existe y nos cuida. Es cierto que en determinados momentos echas de menos no poder hacer algunas cosas, pero todo se olvida con cada segundo que paso con él. No me imagino mi vida sin él”. Esta es la historia de este profesor a cuyos alumnos les intenta transmitir esa fuerza vital que le aporta su hijo Pablo.

María Trigo.

María Trigo. Coordinadora de contenidos en Olympo Deportivo.

Comentarios 1

  1. La historia del padre coraje que ganó un maratón moral junto a su hijo con parálisis cerebral
    Abr 26, 2014 Responder

    […] La historia del padre coraje que ganó un maratón moral junto a su hijo con parálisis cerebral […]

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