Garbiñe Muguruza: un 2016 de luces y sombras

Garbiñe Muguruza: un 2016 de luces y sombras

La tenista hispano-venezolana Garbiñe Muguruza ha vivido en esta temporada sensaciones extremas, una montaña rusa de emociones; de tocar el cielo parisino en Roland Garros a mostrarse errática y desaparecida en la segunda mitad de la temporada. Si bien su campaña no ha sido todo lo regular que se esperaba, pone punto y final a este año con la mirada puesta en un 2017 que será decisivo para su porvenir. Mucha gente se pregunta: “¿Qué le ocurre a Garbiñe?”

Muguruza
Muguruza, durante un partido en Roland Garros. | Foto: Muguruza,

Este 2016 ha atravesado una temporada que le ha servido de experiencia profesional. Un curso donde ha probado y demostrado el daño de su juego, recto y agresivo, y la exigencia de la cima, que requiere un rendimiento permanente por los cuatro rincones del mundo.

Este año Muguruza trasciende a otra dimensión al ganar su primer título de Grand Slam. Lo hace, además, en la superficie donde debería encontrar más dificultad para imponer su juego directo y agresivo. Y batiendo, finalmente, a la todopoderosa y siempre favorita Serena Williams.

Desde entonces, la joven tenista ha oscilado entre dos mundos, dos realidades. Este curso ha sido una montaña rusa para Garbiñe: imparable cuando está inspirada, pero endeble cuando la circunstancia va en su contra. A sus 23 años ya sabe lo que es hacer cumbre en un gran torneo, pero también ha comprobado que la primera plana requiere e impone la presión de los focos y el exigente listón del aficionado, que siempre quiere más y más, victoria o victoria. Tras levantar el título de Roland Garros su trayectoria ha descrito un continuo zigzag, un sube y baja que para algunos tiene difícil explicación.

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Desde la mencionada hazaña de París, Garbiñe ha firmado un balance de resultados alejado de su potencial (13 victorias, 11 derrotas); unos resultados que le colocarían en una posición muy distinta del número 7 mundial que hoy ocupa. No ha logrado victorias más allá de los cuartos de final en los 10 torneos siguientes a Roland Garros. Es el tramo del curso más inestable y, casualidad o no, se produce a continuación del mayor logro profesional de su carrera. Es un punto psicológico que parece clave para cualquier deportista y, dada su precocidad, Muguruza tiene margen para asimilarlo y utilizarlo camino de su madurez. La temporada 2016 convierte su figura en uno de los rostros principales del tenis, en una de las deportistas femeninas mejor valoradas y, en consecuencia, en una de las figuras con mayor presión a manejar en la actualidad. Quizás una presión para la que mentalmente no esté preparada.

Este es un caso que nos recuerda a lo que atravesó la actual capitana del equipo de la Copa Davis y la Copa Federación, Conchita Martínez. La seleccionadora también tuvo que soportar la carga del éxito temprano. Con 22 años triunfó en Wimbledon y con 23, como Muguruza, se convirtió en la segunda mejor tenista del mundo, así que sabe muy bien de lo que habla. “Te puedes llegar a despistar mucho. Todo el mundo quiere cosas de ti, te llaman para todo y, claro, no puedes ir a entrenarte después de haber hecho 400 sesiones de fotos o de que un alcalde te haya dado algún premio”, añade Conchita en una entrevista con El País.

[bctt tweet=”Conchita: "Lo que necesita es confianza, ser libre de mente para que su juego brille&quot” username=”OlympoDeportivo”]

“Tienes muchas tentaciones. A mí me cambió la vida y supongo que a Garbiñe también le habrá afectado. Tiene un potencial espectacular, tanto dentro como fuera de la pista, así que las marcas se la rifan“, puntualiza.

“El tenis lo tiene ahí dentro. Lo que necesita es confianza, ser libre de mente para que su juego brille. En el momento que lo consigue ya ha demostrado de lo que es capaz de hacer”, apostilla Conchita. “Ella ha tenido días en los que lo ha pasado mal. El público ve lo que ve y no lo termina de entender, pero hay que meterse en la piel del deportista. La gente tiene que ser comprensiva, porque aún tiene toda la carrera por delante”, agrega.

Número 3 en 2015, 7 en 2016

Una rápida mirada a la clasificación indica que Muguruza ha consumido el mejor año de su carrera sin ser capaz de sacarle todo el jugo que debería. Ha visto más que doblada su posición en la lista, cayendo del número 3 mundial al séptimo peldaño que le ve despedir 2016. Este año se ha traducido en una inmejorable lección para Muguruza, una campeona de momentos. La estancia en las alturas pasa por el equilibrio, aunque ella dice que no tiene por qué ser necesariamente una jugadora regular y se cuestiona en alto que tal vez valga más alzar un gran trofeo que una línea recta a lo largo del año. “Hombre, si gano un Grand Slam cada temporada sería genial…”.

Garbiñe Muguruza, que ya se encuentra pensando en 2017 y que cerró su participación en las Finales WTA de Singapur con un partido al que llegaba sin opciones de acceder a las semifinales sobre la rusa Svetlana Kuznetsova, aseguró que “va a aprender” de todo lo que le ha ocurrido en una temporada.

“Este ha sido un año en el que ha habido de todo. He ganado un Grand Slam, cosa que es increíble, pero voy a aprender mucho de todas las emociones, de todas las cosas que me han pasado, porque ha habido muchísimas cosas”, señaló Muguruza, en declaraciones difundidas por su equipo de comunicación.

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En estas palabras algunos ven una tendencia común entre muchos tenistas, que es su escasa capacidad de autocrítica. En lugar de asumir el reconocimiento público de los malos momentos como una forma para progresar, prefieren blindarse y, cuando su rendimiento es bajo, soltar atenuantes o recordar los éxitos logrados con anterioridad.

Vista así, por la magnitud de sus conquistas, la temporada ha sido buena; no se gana todos los días un major. Pero lo cierto es que después de su explosión de 2015, cabía esperar que la victoria ante Serena Williams en la final de Roland Garros supusiera un punto de proyección o al menos de estabilidad.

Garbiñe acaba de cumplir 23 años. Es joven y tiene un amplio margen de mejora. Basta observar sus dos primeros partidos en Singapur para comprobar que se esmera en el trabajo y atiende las indicaciones de su técnico, aunque le siga resultando difícil controlar su temperamento. Contrasta la franqueza a la hora de admitir reiteradamente que puede llegar a ser su peor enemiga con la apelación constante al gran éxito de su carrera para camuflar, al menos de cara al exterior, el desencanto que producen sus resultados en la segunda parte de la temporada. Antes del Masters, podía admitirse como una estrategia para rebajar la presión. Una vez culminado éste, sus seguidores quizás hubieran agradecido una reflexión de mayor alcance.

Con vistas a 2017

Se le presenta un panorama realmente interesante de cara al próximo año. un curso donde, con cierto tiempo transcurrido para la asimilación de su nuevo estatus, mayor trabajo en el ámbito mental y su primera pretemporada de reflexión como gran campeona, puede ser clave para determinar el camino por el que discurra su carrera.

Llega el invierno del tenista, el momento en el que todo se calibra de nuevo, se trazan objetivos y, sobre todo, se trabaja pensando en un nuevo año. Borrón y cuenta nueva, algo que nunca fue más necesario para un jugador como para Garbiñe Muguruza en estos momentos.

Repite en ruedas de prensa hasta la saciedad que ella es su mayor enemigo. Lo que quizá su entrenador –y un buen psicólogo que aún rechaza- debería decirle es que ella también es la única que se puede ayudar. Garbiñe volverá a ser ella misma el día que se ponga las pilas y se reencuentre con las sensaciones que ha tenido en ocasiones pero no ha sido capaz de dominar. Eso no le va a caer del cielo, sólo el trabajo es la solución. Lo que tenía que darle la naturaleza ya está ahí, el problema está en optimizarlo y pulirlo.

Tras una intervención en su tobillo, ya espera la pretemporada. Y tan importante como afinar las piernas y los golpes es que Muguruza haga un trabajo psicológico y se plantee una pregunta “¿qué tenista quiero ser?”. Su calidad está fuera de toda duda, aunque su margen de crecimiento es todavía muy grande, lo que no deja de ser un factor muy positivo. Su derecha y su revés son excelentes. No obstante, su principal reto hoy día es mental, porque en muchas ocasiones desprende la sensación de que ella misma es su máxima rival. Dicho de otro modo, de que Garbiñe compite contra Muguruza.

Un reportaje de Miriam Barberá.

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Redactora de Olympo Deportivo.

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