Exceso de confianza como pecado nacional

Exceso de confianza como pecado nacional

Dos selecciones encumbradas por la calidad de sus integrantes y por la brillantez de su estilo. Dos combinados admirados como nunca, aspirantes a todo y -al final- dueños de nada. Cuando todos contaban con alcanzar de nuevo el cielo, la realidad les sacudió en el barro. El trabajo faltó; la confianza, sobró

En el momento en el que los aficionados españoles al deporte colocaron sobre su pared el almanaque del año 2014 marcaron en rojo dos grandes eventos que tendrían lugar en el mismo, y que no pretendían perderse: el Mundial de Fútbol y el Mundial de Baloncesto.

Las esperanzas estaban puestas en lo más alto. Ser finalista era prácticamente una obligación para los conjuntos entrenados por Vicente del Bosque y por Juan Antonio Orenga. Equipo había; experiencia, también. Pero como en muchas ocasiones sucede, cuando manejas a un grupo de deportistas que prácticamente lo ha ganado todo, es muy complicado motivarles y hacerles ver la dificultad de cada encuentro y la importancia de tomarse cada entrenamiento como si fuera el último. Y eso no es tarea exclusiva del entrenador, también se extiende a los preparadores físicos y a todo el cuerpo técnico, así como a los máximos representantes de las respectivas federaciones.

Sin olvidar que hay que partir de la base de que los que marcan los goles y encestan los triples son los propios jugadores, el aspecto psicológico juega un papel cada vez más relevante en el deporte de élite. Francia estuvo dos días preparando a conciencia el choque de cuartos de final del Mundobasket ante España, estudiando a fondo sus debilidades. Mientras, el capitán de la selección española de baloncesto -Juan Carlos Navarro- admitió tras la derrota que el duelo «no se preparó lo suficiente». Días antes, España se deshizo de los galos en la fase de grupos. Todos, desde la grada hasta el último jugador, se veían en semifinales antes de comenzar el partido.

En los deportes de equipo no siempre es determinante el hecho de contar con los mejores. A veces no es suficiente la superioridad individual de un Pau Gasol o de un Andrés Iniesta. Es la aportación de cada miembro del grupo la que hace brillar a todos en su conjunto, y en especial a las grandes estrellas. Es esa la esencia de deportes como el fútbol o el baloncesto. Es eso lo que hace grande a estos deportes, y, no olvidemos, lo que nos hizo grandes en ellos.

En los técnicos recae la labor de analizar los errores y de evaluar las circunstancias que llevaron a nuestras selecciones a abandonar mucho antes de lo previsto ambas citas, pero sin lugar a dudas, si existe un denominador común en ambos fracasos ese es el exceso de confianza.

Ahora toca volver a remar, con una importante cura de humildad sobre los hombros, para intentar evitar caer en los mismos errores y consagrar una transición favorable entre una generación dorada -e irrepetible- y una generación con ganas y con mucha proyección por delante.

José Antonio Vega.

José Antonio Vega. Director y Fundador de Olympo Deportivo.

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