Esperando un milagro

Esperando un milagro

La Vuelta Ciclista a España se adentra este fin de semana (un fin de semana largo que se prolongará hasta el lunes), en su fase decisiva. Tres etapas que casi con total seguridad marcarán a fuego qué dos o tres nombres aspirarán al triunfo final, siete días más tarde.

Es más, casi nos atreveríamos a decir que la cita puede quedar sentenciada antes de la segunda y última jornada de descanso. Y buena parte de culpa la tiene un freno o, mejor dicho, la falta del mismo.

“El problema es que la bici no frenó”. Son palabras de Nairo Qintana, el máximo favorito a ganar la ronda española. Así explicaba la caída que el pasado martes le apartó definitivamente del liderato. Cosas del destino, un día más tarde, camino de San Miguel de Aralar, otra caída le apartaría definitivamente de la carretera.

El problema es que ese martes, en el test contra el reloj, otro de los grandes aspirantes al triunfo, Chris Froome, demostró que querer a veces no es poder. Así las cosas, un hombre emergió sobre todos los demás. Su nombre, Alberto, su apellido, ideal parar una contrarreloj. El madrileño contó segundos y segundos a su favor.

En una Vuelta donde no había diferencias, Contador se vistió de rojo con 27” sobre Valverde, 59” sobre Urán, 1’18” sobre Froome y 1’37” sobre ‘Purito’ Rodriguez.

El nuevo líder, que solo un día antes había admitido el secreto a voces de que venía a ganar la general, se mostró prudente. «Queda mucha Vuelta y las diferencias no son grandes». Y no le faltaría razón… si estuviéramos en otra ronda o con otros corredores.

Porque en España se habla de grandes puertos, de grandes desniveles, de finales espectaculares, pero los números rezan otra cosa. Los grandes andan estos días más pendientes de los segundos que puedan rascar en las bonificaciones que de romper la carrera.

Si no, basta el ejemplo del miércoles, con Contador y Valverde esprintando en una esprint intermedio por tres segundos. Una etapa con final en alto. Un final en el que Froome quiso y por ello puso a tirar a los suyos, pero en los que el británico hizo la «goma» hasta el extremo. Y los que podían, o eso parecía, se controlaban. Esfuerzos al milímetro. Ciclismo de calculadora. Si gano, 10 segundos; si soy segundo, seis; si completo el podio, cuatro. Y ganó Aru, otra joven perla italiana, mientras Valverde y Purito descontaban segundos vía bonificaciones, pero nada más.

Nada pasó el jueves, salvo una caída que eliminó al sprinter francés Bouhanni y permitió a Degenkolb romper la igualdad de triunfos de hombres rápidos (tres por dos ahora).

La montaña decide

Con todo ello, este viernes tuvimos, de nuevo, una cita con la montaña. Media montaña apuntaban unos, alta montaña llegaban a decir algunos atrevidos. Lo cierto es que Bouhanni, el esprinter caído, fue quinto. El algodón no engaña y el final, nervioso y bonito, no daba para más, como tampoco parece que puedan darlo los aspirantes. Todos se conocen, saben de sus fortalezas y sus debilidades.

Valverde y Rodriguez parecen encomendarse a no despertar a la Bestia e ir descontando, segundo a segundo, en espera de tiempos mejores y de milagros.

Froome no espera nada. Tira y tira, hasta donde pueda, aunque parece que no puede tanto como quisiera. Y Contador controla y otea desde lo alto. Su sonrisa crece cada día al mismo tiempo que sus buenas sensaciones. Este fin de semana llega el gran momento, pero más que un break, el tríptico montañoso se antoja como un match ball,  salvo que acontezca un milagro.

Juanjo Ortega.

Redacción Olympo Deportivo.

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